Arquitectura y pedagogía: Uniformidad con fecha de expiración

El carácter arquitectónico educativo está directamente ligado al programa pedagógico. En un tipo de relación simbiótica donde todos los componentes individuales que conforman este programa pueden alterar la configuración del cuerpo espacial del proyecto. Quiere decir que para innovar la arquitectura educativa se tiene que hacer un replanteo de los procesos educacionales que darán la pauta de las dinámicas espaciales entre los usuarios.

Muchos de los modelos de arquitectura educacional actual tienen un bagaje que proviene de sistemas de aprendizaje homogéneos que no reconocen la individualidad, sino que formulan al cuerpo estudiantil como un colectivo indivisible. Dentro de estos modelos educacionales convencionales se imponen sistemas pedagógicos que no son personalizados para las capacidades e intereses puntuales del cuerpo estudiantil; La colectividad se convierte en una fuerza antagónica del individuo que busca o necesita procesos flexibles para aprender. Uniformes, aulas de clase en fila, segregación por edad, género y rango académico son algunos de los aspectos básicos que se han convertido en el estándar para la diagramación de centros educativos. En ese proceso de estandarización por colectivo, se afecta la oportunidad de customización, creando una dinámica educativa que no contempla la diversidad y distinción de los estudiantes. Por ende, se produce una inequidad de aprendizaje, desestabilizando a grupos que por su naturaleza no logran adaptarse al sistema impuesto.

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Cada vez más se puede ver que los centros educativos están en la búsqueda de alternativas que fomenten un mayor interés y conexión en los estudiantes. Sin embargo, se tiende a implementar soluciones arquitectónicas superficiales, como la aplicación de colores o imagen grafía. Si bien hay una lógica empírica detrás de esas soluciones que impactan la estimulación neuro espacial, se tienen que tomar en cuenta métodos que no sean enteramente decorativos. El modelo de escuela convencional utilizando la uniformidad como medida de retención, se tiene que desobedecer para crear un caos funcional en el que la constelación de personalidades, talentos e inteligencias diversas de los estudiantes puedan encontrar equitativamente un hilo conductor al aprendizaje.

Uno de los aspectos más importantes para proyectos emergentes en Centroamérica es el no seguir adoptando modelos internacionales de forma literal para la materialidad de la arquitectura. Las edificaciones tienen que responder a las condiciones y características de las localidades que albergan dichos centros educativos. Si bien los modelos internacionales presentan una oportunidad de estudiar métodos pedagógicos que pueden ser aplicables, la espacialidad tiene que nacer de las necesidades idiosincráticas de cada comunidad. Materiales locales, programas arquitectónicos personalizados, uso de espacios que reflejan las necesidades de la comunidad y la diagramación de una interacción activa entre estudiantes puede llegar a formar un modelo educativo único para cada territorio.

Innovación no es sinónimo de mega construcciones

Comúnmente se ha desarrollado un tipo de apreciación a edificios educacionales debido a su estética arquitectónica, a su valor inmobiliario o incluso a la zona en la que son construidos. Cabe destacar que ninguno de estos elementos se vincula directamente a su mérito educacional. La verdadera innovación se encuentra en el empoderamiento de estudiantes a través de modelos educacionales que sean capaces de ayudarlos a alcanzar su máximo potencial. Centroamérica cuenta con zonas que tienen un gran déficit de estudios básicos y superiores. Comunidades rurales se convierten continuamente en objetos de estudio en donde se ha apreciado la experimentación de métodos inesperados para generar educación eficaz con recursos arquitectónicos y escolares limitados.


Diagrama de escalera desplegable, Escuela Nueva Esperanza. Fotografía de Francisco Suárez para Plataforma Arquitectura.

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Para lograr llevar a cabo un proceso de innovación en la arquitectura educacional en Centroamérica es necesario un enfoque holístico que engloba: El carácter del cuerpo arquitectónico (materialidad), la eficacia de la configuración espacial según la filosofía educativa deseada (programa) y el sistema pedagógico (protocolo). Estos tres componentes constituyen no sólo el aspecto volumétrico y formal del proyecto, sino también la esencia del concepto arquitectónico. El balance entre dichos componentes corresponde a una fórmula que dará resultados diferentes cada vez que se implemente, ya que se customiza según las características de la localidad y la muestra demográfica para el proyecto.

Aprender explorando con pedagogía espacial

Tradicionalmente se cree que las líneas de aprendizaje son un prototipo interactivo entre profesores y alumnos, dejando la arquitectura como una retícula cerrada que únicamente alberga actividades de manera monótona. Sin embargo, ¿Qué pasa si en realidad la arquitectura es un agente de cambio dentro de los procesos educativos? El estudio de arquitectura “Oficina de innovación política” liderado por el arquitecto Andrés Jaque ha diseñado un colegio en Madrid a ser completado durante 2022 que trata los elementos arquitectónicos de manera que generen una estimulación espacial en los estudiantes, incitando al descubrimiento y a una constante apreciación de la diversidad del cuerpo estudiantil. “El diseño de Reggio School se basa en la idea de que los entornos arquitectónicos pueden despertar en los niños un deseo de exploración e indagación. De esta manera, el edificio se concibe como un ecosistema complejo que hace posible que los estudiantes dirijan su propia educación a través de un proceso de experimentación colectiva autodirigida…”

Visualización del Colegio Reggio por “Oficina de Innovación Política”.


Esfuerzos colectivos a través de diseño participativo

En Puerto Cabuyal, una zona costera del Pacífico de Ecuador, se encuentra una comunidad rural de aproximadamente 150 personas, quienes antes de 2009 no contaban con un centro educativo y debido a su accesibilidad territorial limitada, no era posible que niños y jóvenes de la zona pudieran ir a escuelas en otras localidades. Por medio de iniciativas colectivas y unificación de labores individuales dentro de la comunidad se construyó la escuela comunitaria “Nueva Esperanza” y desde entonces ha evolucionado progresivamente junto a sus pobladores. “Las innovaciones más destacables del proyecto son el diseño participativo y la puesta en valor de las potencias locales.” El proceso de diseño de este proyecto contempla una matriz de aspectos programáticos que rompen esquemas convencionales al reformular a partir de los recursos existentes no solo el espacio de aprendizaje, pero la pedagogía a implementar.

Área de aprendizaje comunal, Escuela Nueva Esperanza. Fotografía de Francisco Suárez para Plataforma Arquitectura


“La Escuela Nueva Esperanza basa su modelo de enseñanza en la educación activa que promueve el aprendizaje por motivación. Este modelo hace énfasis en el hecho de que todos podemos aprender y enseñar. Por ello, no plantea una estructura de grados…” El centro reformula los elementos arquitectónicos para crear espacios escolares que se acoplen a sus necesidades, desde la utilización de soluciones bioclimáticas para ventilar, iluminar y suspender la estructura de los edificios, hasta el uso del espacio abierto como salones de clase y un sistema de apoyo comunal en el que no se categoriza a los estudiantes únicamente como los receptores sino como formuladores de sus propios métodos de enseñanza.

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Pedagogías de desaprendizaje

La búsqueda de la identidad arquitectónica educativa debe mantener un carácter de integración pluralitario, colaborativo e inclusivo. La inminente aplicación por nuevas generaciones de procesos de decolonizalismo, empoderamiento de grupos minoritarios y la separación de doctrinas políticas y religiosas a los procesos educativos, están generando nuevas morfologías de espacialidad escolar. Dentro de esa constante esfera de cambio el desaprendizaje de formas obsoletas de enseñar o de habitar espacios tiene que ser cuestionado para evolucionar y generar nuevos modelos de educación que valoren la individualidad como un aliado a la equidad escolar.


Desobediencia es una columna crítica que toma a la arquitectura como punto de partida para entender el futuro del medio construido en relación a la humanidad y las fuerzas sociales, políticas y culturales en su órbita. La resistencia a la interpretación del objeto arquitectónico como elemento inmutable permite explorar corrientes de pensamiento que le ayudan a evolucionar paralelamente a la sociedad moderna. Asimismo, la inquietud de descubrimiento estimula provocaciones para reimaginar la arquitectura por medio del desaprendizaje o rompimiento de parámetros de diseño convencionales.

Autor: Oscar M Caballero, Arquitecto, Escritor y Artista Visual Máster en Diseño Arquitectónico Avanzado, Columbia University

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