Coachella 2026: estructuras que se transforman en el desierto
- Manuel Robles Quintero

- hace 40 minutos
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El festival convierte la arquitectura efímera en protagonista con instalaciones que juegan con la luz, el aire y la percepción.

En medio del desierto de Indio, el Festival de Música y Artes de Coachella celebra su edición número 25 con algo más que música: un despliegue de estructuras monumentales que parecen sacadas de otro planeta, donde la arquitectura efímera se convierte en experiencia sensorial.
Este año, el programa artístico —curado por Raffi Lehrer junto a Paul Clemente— apuesta por la ligereza, la transparencia y la interacción con la luz, haciendo que cada instalación cambie radicalmente entre el día y la noche.
Una de las más curiosas es “Maze”, de Sabine Marcelis, un laberinto inflable de arcos suaves que funciona casi como un oasis artificial: filtra el sonido del festival, genera sombra en pleno calor y, al caer la noche, se ilumina como una especie de espejismo brillante en medio del polvo.

Otra pieza que llama la atención es “Starry Eyes”, del arquitecto Kyriakos Chatziparaskevas, que recrea un bosque de “cactus gigantes” de hasta 12 metros de altura. Estas estructuras no solo sirven como refugio, sino que enmarcan el cielo con aberturas en forma de estrella, creando un juego visual que conecta directamente con el paisaje del desierto.
En contraste, “Visage Brut”, del colectivo The LADG, apuesta por lo industrial: una torre de acero compuesta por módulos deformados que parecen a punto de colapsar, pero que en realidad se sostienen en equilibrio. Es una especie de escultura viva que mezcla ingeniería, tensión estructural y una estética casi humana.

Lo interesante de estas obras es que no solo se observan: se recorren, se habitan y se sienten. Durante el día funcionan como refugios climáticos y espacios de descanso, mientras que en la noche se transforman en linternas gigantes que redefinen el paisaje del festival.
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Más allá del espectáculo visual, Coachella 2026 deja una curiosa reflexión: en un entorno extremo como el desierto, estas estructuras temporales demuestran cómo la arquitectura puede ser ligera, adaptable y emocional, convirtiendo materiales simples en experiencias memorables que desaparecen… pero no se olvidan.




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