Las claves para una movilidad segura en América Latina y el Caribe según el BID
- Maria Calero
- hace 4 horas
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Así como se requieren mejores calles para salvar vidas, también son necesarias instituciones de movilidad más fuertes y modernas. Por eso, estamos apoyando a los países en su transformación digital para una movilidad más segura, una apuesta por usar la tecnología y los datos para que las autoridades puedan tomar decisiones más rápidas y efectivas que realmente nos cuiden a todos.

Además de ser la única opción de transporte para muchas personas, la motocicleta se ha convertido en una herramienta de sustento, al ofrecer una forma económica, ágil y flexible de generar ingresos en entornos urbanos cada vez más congestionados y con una creciente demanda de servicios de entrega y mensajería. Sin embargo, este crecimiento acelerado trae consigo distintas consecuencias. Mientras en general las muertes por siniestros viales se mantienen estables desde 2010 hasta 2024, las fatalidades de motociclistas han crecido cerca de 98%, es decir, prácticamente se han duplicado.
Este cambio refleja una transformación profunda en la forma en que las personas se mueven, trabajan y acceden a oportunidades. En muchos países, las motocicletas crecen a un ritmo muy superior al del resto del parque automotor y ya constituyen una parte significativa de los vehículos en circulación. La pregunta ya no es si este fenómeno continuará, sino cómo gestionarlo para que no siga cobrando miles de vidas cada año.
Ante este desafío, la División de Transporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presenta la segunda edición de Motociclistas en América Latina: Situación actual, lecciones aprendidas y mejores prácticas. Una guía que reúne evidencia actualizada, recomendaciones y experiencias regionales para impulsar políticas públicas que hagan más seguro el crecimiento del uso de la motocicleta.
La publicación es parte de la Estrategia de Movilidad Segura, Sostenible e Inclusiva del BID que orienta su trabajo con los países de la región para proteger la vida de los usuarios más vulnerables (peatones, ciclistas, motociclistas, niñas, niños y adolescentes, adultos mayores, otros), mediante la mejora de los estándares de infraestructura, el fortalecimiento de la gobernanza a nivel nacional y subnacional, y la generación de conocimiento que permita impulsar cambios sostenibles y de mayor impacto. Aunque sabemos que el uso de la moto seguirá creciendo en la región, no podemos permitir que ese crecimiento siga cobrando más vidas. A continuación, presentamos claves para entender la magnitud del desafío y cómo avanzar hacia soluciones concretas, temas discutidos en nuestra nueva publicación.
1. El motociclismo está creciendo más rápido que cualquier otro modo de transporte: En los últimos años, la motocicleta pasó de ser un vehículo complementario para convertirse en protagonista del sistema de transporte en muchos países. Las estimaciones hechas por el BID muestran que entre 2010 y 2024, el número de motocicletas en la región se triplicó, muy por encima del crecimiento del parque automotor total, del cual se estima que en el mismo periodo se duplicó. Además, la cantidad de motocicletas por habitante ha crecido de 5 a 14 motocicletas por cada 100 personas entre esos mismos años. El impacto es tal que, en países como República Dominicana, Colombia y Perú, la cantidad total registrada de motocicletas y vehículos similares de dos y tres ruedas ya supera a la de automóviles, representando más del 50% de todos los vehículos registrados.
Este crecimiento no es casual. Las motocicletas son más económicas, requieren menos espacio y quienes las usan perciben que pueden enfrentar mejor la congestión urbana. Además, su uso se ha expandido rápidamente como herramienta de trabajo, especialmente en actividades como domicilios y mensajería. En la práctica, están redefiniendo la forma en que las personas acceden a oportunidades económicas.
2. Más mujeres en moto, pero expuestas a riesgos distintos: El motociclismo en América Latina y el Caribe está cambiando, y cada vez tiene más rostro de mujer. Para dar una idea de este fenómeno, desde 2013 hasta 2023 la cantidad de licencias de moto emitidas para mujeres en El Salvador se multiplicó 23 veces, y en Colombia, las mujeres pasaron de representar el 16% de los compradores de motos nuevas al 38%. Este crecimiento esconde una realidad desigual. En la región, 7 de cada 10 mujeres que fallecen en la moto lo hacen como pasajeras. Esto implica que muchas mujeres viajan expuestas al riesgo sin tener control sobre decisiones clave, como la velocidad o las maniobras de emergencia.
A esto se suma que la relación de la mujer con la motocicleta es diferente; por ejemplo, análisis del BID estiman que las mujeres tienen el doble de probabilidades que los hombres de usar la moto para labores de cuidado y responsabilidades familiares. Entender estas dinámicas es el primer paso desde el BID para impulsar políticas de movilidad que realmente protejan a todas las usuarias.
3. No es solo el conductor, es el sistema de movilidad el que falla: Los siniestros de motociclistas no responden a una sola causa. Son el resultado de múltiples factores que interactúan entre sí. Las conductas de riesgo, como el exceso de velocidad o el bajo uso de cascos adecuados, se combinan con vehículos que muchas veces carecen de tecnologías de seguridad, como sistemas de frenado avanzados, y calles que rara vez están diseñadas pensando en personas usuarias vulnerables de dos ruedas. Cuando todos estos elementos coinciden, el riesgo aumenta significativamente. En otras palabras, no es solo un problema de comportamiento individual, sino de cómo está configurado el sistema de movilidad.
También la capacidad de nuestras instituciones para poner orden y proteger la vida suele ser un factor poco visible. Si el sistema de licenciamiento de conducción es débil o el control vial es insuficiente, el riesgo se vuelve incontrolable. Así como se requieren mejores calles para salvar vidas, también son necesarias instituciones de movilidad más fuertes y modernas. Por eso, estamos apoyando a los países en su transformación digital para una movilidad más segura, una apuesta por usar la tecnología y los datos para que las autoridades puedan tomar decisiones más rápidas y efectivas que realmente nos cuiden a todos.
4. Hay soluciones que ya están funcionando en la región: A pesar de este panorama, existen países y ciudades que han logrado reducir muertes de motociclistas mediante la implementación de políticas integrales. Países como Eslovenia, Bélgica, Hungría, entre otros, han demostrado que es posible reducir los riesgos cuando se implementan medidas como la regulación del uso de cascos de calidad, la implementación de sistemas de licencias graduales, el control de la velocidad apoyado en tecnología y el fortalecimiento de la infraestructura vial.
El sector privado empieza a jugar un rol clave, especialmente en actividades donde la motocicleta es una herramienta de trabajo. Ya estamos viendo el uso de tecnología, telemetría y sistemas de gestión de flotas para monitorear en tiempo real factores de riesgo como la fatiga, el uso adecuado del casco o los excesos de velocidad de sus repartidores.
El desafío sigue siendo enorme y son pocos los que han logrado reducciones sostenidas en los últimos años. Sin embargo, sabemos qué cosas funcionan, ahora necesitamos acelerar su implementación.




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