Automatización y autonomía eléctrica definen el futuro de las zonas francas costarricenses
- Maria Calero
- hace 1 día
- 4 Min. de lectura
Las instalaciones del futuro adoptarán configuraciones “machine‑first”, en las que las zonas destinadas a personas se concentran en tareas de supervisión, control y colaboración.

Costa Rica ha consolidado un ecosistema de zonas francas que ha sido clave para atraer operaciones sofisticadas, con procesos tecnificados, estándares exigentes, empleo especializado y que además, compite por atraer y retener talento en un mercado cada vez más disputado. Hoy, el estándar global está evolucionando hacia automatización, operación basada en datos y continuidad energética, y para Gensler la oportunidad del país está en fortalecer su propuesta desde el diseño, creando parques industriales enfocados en experiencias más humanas y funcionales que mejoren la jornada laboral diaria.
La discusión es estratégica: de acuerdo con la agencia Promotora de Comercio Exterior de Costa Rica (PROCOMER), el Régimen de Zonas Francas aportó US$13.893 millones a la economía en 2024 (15% del PIB), concentró 74% de la Inversión Extranjera Directa (US$3.720 millones) y generó 265.571 empleos directos e indirectos, de los cuales 197.038 fueron directos. En adelante, el diferencial no será sólo cuánto se construye, sino cómo se diseña y qué habilita: operar con tecnología, crecer por etapas y sostener productividad con resiliencia. Y, cada vez más, cómo la zona franca ofrece una experiencia laboral que atraiga y retenga talento, con bienestar, servicios y movilidad, porque el talento también elige dónde trabajar.
“Costa Rica se ha posicionado como plataforma para industrias de alto valor. El siguiente paso es avanzar a un modelo integrado, donde producción, investigación, desarrollo y gerencia trabajen juntos en un mismo campus industrial. Para lograrlo, las instalaciones deben estar listas para crecer, con gestión energética, espacios para robótica y logística inteligente, y un entorno que impulse innovación y atraiga talento. Hoy el diseño debe ser parte de la estrategia país”, señaló Gabriel Murillo Somogyi, Líder Global de Industrial y Logística en Gensler.
En el país conviven proyectos consolidados con décadas de operación y desarrollos recientes concebidos desde el inicio bajo una lógica de ecosistemas industriales. Esa diversidad es una fortaleza, porque permite combinar experiencia operativa con nuevas formas de diseñar y gestionar infraestructura industrial. El foco, por tanto, no es reemplazar lo existente, sino sumar capacidades para el futuro de manera progresiva y estratégica, priorizando lo que más impacta productividad, continuidad y atracción de talento.
Gensler identifica tres cambios que están moviendo el estándar.
● Los campus industriales funcionan como imanes de talento, no solo como centros de producción: En la actualidad, los empleos en manufactura compiten directamente con las industrias tecnológicas y de servicios por mano de obra altamente especializada. Los complejos industriales diseñados con iluminación natural, estrategias de bienestar, áreas verdes, tecnología y espacios colaborativos transformarán el real estate industrial en entornos aspiracionales capaces de atraer y retener talento calificado.
● La robótica y la automatización están redefiniendo la configuración del campus industrial: Los vehículos autónomos, la logística impulsada por inteligencia artificial y la robótica aplicada al piso de producción transformarán la planificación de los sitios, los flujos de circulación y la interacción humano–máquina. Las instalaciones del futuro adoptarán configuraciones “machine‑first”, en las que las zonas destinadas a personas se concentran en tareas de supervisión, control y colaboración.
● La independencia energética impulsa la innovación en el diseño de bienes raíces industriales: La inestabilidad de las redes eléctricas y el aumento del consumo están empujando a más empresas a buscar microrredes con mayor autonomía. Por eso, los parques preparados para el futuro incorporan desde el diseño capacidad de generar y almacenar energía en sitio, además de medición avanzada. En Costa Rica, la demanda eléctrica creció 4,1% en 2024 y el 86,8% se atendió con fuentes renovables, según el Instituto Costarricense de Electricidad. Esto refuerza que la resiliencia energética ya es un factor de competitividad.
En la práctica, esto se traduce en desarrollos industriales (desde hubs logísticos hasta campus integrales) pensados para integrar microrredes desde el inicio, incorporar formación dentro del sitio y operar con medición y desempeño habilitados desde el día uno. La idea es diseñar el campus como un sistema que pueda actualizarse sin detener la operación, y no como una suma de espacios de manufactura.
Esa transición también obliga a replantear dónde ubicar nuevos polos productivos y cómo conectarlos con servicios, comercio y movilidad. El desafío es crecer sin trasladar costos y tiempos al trabajador y, al mismo tiempo, mantener el atractivo para la inversión. “En la práctica, la pregunta es sencilla: ¿El lugar donde me instalo tiene lo necesario para operar hoy y crecer mañana? Si no lo tiene, el proyecto debe planearlo, y eso requiere coordinación con infraestructura y visión territorial”, concluyó Gabriel Murillo Somogyi, Líder Global de Industrial y Logística en Gensler.
En un país donde las zonas francas sostienen una parte clave del empleo y la inversión, la infraestructura deja de ser un tema técnico y se vuelve estratégico. La próxima ola no se definirá por más metros, sino por campus capaces de adaptarse rápido a la automatización, la resiliencia energética y nuevas expectativas laborales. Para Gensler, ese será el estándar que marcará la competitividad de Costa Rica y definirá su capacidad de seguir atrayendo industria innovadora.



Comentarios