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Expo Construir Nicaragua 2026: materiales inteligentes buscan resolver desafíos de obra

  • El crecimiento de la construcción en Nicaragua está elevando la presión sobre los desarrolladores para construir con mayor eficiencia. Desde GSQ Nicaragua, Mireya Valecillo plantea que la innovación ya no consiste únicamente en nuevos materiales, sino en desarrollar sistemas capaces de responder a las condiciones específicas de cada proyecto, desde el clima hasta las cargas estructurales.


Nicaragua está construyendo más, pero el desafío ya no parece ser únicamente cuánto se construye, sino cómo hacerlo mejor. La actividad de construcción creció 16.7% interanual durante el primer trimestre de 2026, según el Banco Central de Nicaragua (BCN), impulsada tanto por la construcción privada como por la pública.


En el sector privado aumentó el área efectivamente construida en destinos residenciales, de servicios y comerciales, mientras que la construcción pública registró mayor actividad en obras de ingeniería civil y edificaciones no residenciales. Ese escenario está llevando a la industria a mirar con mayor atención una variable que durante años pudo parecer secundaria frente al concreto, el acero o el cemento: la tecnología aplicada a los materiales.


Para Mireya Valecillo, Gerente de Línea Construcción de GSQ Nicaragua, S.A., la transformación comienza por entender que una obra no puede resolverse siempre con las mismas fórmulas. “La innovación comienza con una necesidad, una necesidad de resolver un problema específico, desarrollar un producto, un sistema que nos brinde alternativas”, afirmó Valecillo durante su presentación.


La tesis se llevó a la práctica mediante distintos proyectos desarrollados en Nicaragua, donde la compañía trabajó con sistemas de materiales orientados a resolver problemas concretos de construcción. El denominador común no fue utilizar un producto idéntico en cada obra, sino adaptar la solución a las condiciones particulares del proyecto.

“Una misma necesidad, otra solución”, resumió Valecillo al describir el enfoque aplicado en diferentes zonas del país.


Del laboratorio a 15,000 metros cuadrados

Uno de los casos expuestos fue desarrollado en Bilwi, en la zona Caribe de Nicaragua, donde el reto consistía en conformar pendientes de drenaje en las azoteas de edificios.


El proyecto acumulaba varias dificultades. Las losas habían sido coladas dos años antes, las pendientes variaban entre 5 y 28 centímetros y las longitudes iban desde 10 hasta 25 metros lineales. Además, la solución no podía agregar una carga superior a la contemplada originalmente por el ingeniero estructural. La respuesta no llegó de inmediato. El equipo técnico de GSQ Nicaragua trabajó junto al laboratorio de Surquímica, en Costa Rica, durante dos meses para desarrollar y probar el sistema. “Había que hacerle pruebas, pruebas de todo tipo, 7, 14, 28 días para demostrar que en efecto el laboratorio funcionaba y que también iba a funcionar en el proyecto”, explicó Valecillo.


El sistema combinó un promotor de adherencia, mortero proyectable y perlas de poliestireno expandido para reducir el peso. El promotor de adherencia utilizado fue Kergrip C, un sistema bicomponente compuesto por un saco de 15 kilogramos de mortero y un galón de aditivo, con un rendimiento aproximado de 7 a 8 metros cuadrados. En total, fue colocado sobre una superficie de 15,000 metros cuadrados.


El resultado modificó de manera importante las características iniciales del material. El sistema alcanzó una densidad final de 1,070 kg/m³ y consiguió una resistencia a la compresión de 40 kg/cm², cuando el proyecto esperaba al menos 20 kg/cm².

La experiencia de Bilwi se convirtió en una especie de laboratorio a escala real para llevar la misma lógica a otros proyectos.


En Nueva Guinea, la compañía trabajó sobre aproximadamente 11,000 metros cuadrados para resolver nuevamente pendientes de drenaje, pero bajo una configuración distinta. El sistema ya había sido probado, aunque debió adaptarse nuevamente a las condiciones de la obra.


En León, el desafío cambió de nuevo. Se trataba de intervenir edificios existentes, en este caso asociados a un hospital, donde ya estaban instalados equipos médicos y sistemas de aire acondicionado. El peso adicional era, por tanto, una preocupación crítica. Para ese proyecto, de aproximadamente 2,000 metros cuadrados, se utilizó el microconcreto MPL 550, que incorpora perlas de poliestireno y presenta una densidad de 1,570 kg/m³. El sistema alcanzó una resistencia de 175 kg/cm² y fue colocado sobre paneles de Covitec.


La cuarta experiencia ocurrió en Managua, donde el problema dejó de estar relacionado principalmente con el peso y las pendientes. El reto era reducir la aparición de fisuras en un sistema de paneles. La respuesta fue otro microconcreto, el Pegasú proyectable MCE25, aplicado por capas y con una resistencia de 260 kg/cm².


Cuatro obras, cuatro condiciones

La importancia de estos proyectos está precisamente en sus diferencias. Bilwi, Nueva Guinea, León y Managua presentan condiciones distintas, tanto por ubicación como por características constructivas y necesidades específicas. “Cuatro proyectos, cuatro desafíos diferentes, cuatro microclimas distintos, cuatro zonas del país diferentes”, señaló Valecillo. “El sistema funcionó, la innovación se dio tanto en el proyecto de Bilwi, como en el de Nueva Guinea, como en el de León y como en Managua”..

La apuesta tiene especial relevancia en un mercado que mantiene un ritmo elevado. Los datos más recientes del BCN muestran que la construcción acumuló un crecimiento de 13.8% entre enero y junio de 2026, mientras que únicamente en junio avanzó 11.3% interanual. El crecimiento estuvo acompañado por una mayor producción de materiales como arena, concreto premezclado, acero, adoquines, piedra triturada y bloques.

El sector ya había cerrado 2025 con un crecimiento de 17.3%, por encima del crecimiento general de la economía nicaragüense, que fue de 4.9%.


En ese contexto, la discusión sobre innovación deja de ser una conversación exclusivamente tecnológica. Se convierte en una cuestión de productividad, costos, seguridad estructural y capacidad para adaptar una obra a condiciones que no aparecen en un catálogo.


La propia experiencia presentada por GSQ apunta en esa dirección. La innovación no necesariamente significa inventar un material completamente nuevo para cada proyecto, sino combinar productos, procesos y conocimiento técnico para resolver problemas que una solución convencional no puede atender con la misma eficiencia. “Una solución adquiere valor cuando realmente responde a una necesidad real”, sostuvo Valecillo.


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