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Horizonte 2026: la era de la resiliencia integral, industrialización tecnológica y sostenibilidad

  • El sector de la construcción en la región transita de una etapa de resistencia a una de transformación profunda. Líderes gremiales y empresariales coinciden en que el 2026 no será un año para la improvisación, sino para la consolidación de estrategias.

Por: Luis Fernando Arevalo, luis.arevalo@connectab2b.com


Si el 2025 fue, en palabras de los protagonistas del sector, "un año de transición para consolidar lo aprendido" y un periodo que "prueba la resiliencia y el potencial de crecimiento", el 2026 se perfila como el escenario donde la planificación estratégica y la innovación técnica definirán la supervivencia y el liderazgo en el mercado.


La industria enfrenta una encrucijada: modernizar sus procesos mediante la digitalización y la industrialización o quedar rezagada ante una demanda cada vez más sofisticada y un entorno normativo y climático más exigente. El dinamismo del sector presenta matices contrastantes en la región. Mientras Guatemala proyecta cifras de crecimiento agresivas, Costa Rica enfrenta retos estructurales que frenan el potencial de la inversión privada. En este escenario surgen nuevos jugadores como El Salvador, en donde el sector construcción ha acelerado su crecimiento a dos dígitos y se prevé continué así. Honduras atraviesa una incertidumbre que frena la inversión al igual que Nicaragua, mientras Panamá continúa siendo una potencia en la región a nivel de la industria constructiva y República Dominicana sigue destacando por inversión en nuevas obras enfocadas en turismo y logística.


José Andrés Ardón, director ejecutivo de la Cámara Guatemalteca de la Construcción, ofrece una perspectiva optimista pero cautelosa sobre el volumen de actividad. Según Ardón, el primer gran desafío es "lograr mantener o incluso un ritmo de crecimiento que según estimaciones podría haber cerrado arriba del 20% en el 2025". Sin embargo, este auge choca frontalmente con la burocracia. Para el ejecutivo guatemalteco, es imperativo "continuar la facilitación de trámites en colaboración con diversas instituciones públicas y municipalidades para que sectores como el inmobiliario puedan continuar desarrollando el país".


Desde Costa Rica, José Baltodano, director de Construcción de Portafolio Inmobiliario, identifica una fricción similar, pero agravada por el rezago en obra pública. Baltodano es enfático al señalar los "retos estructurales país", afirmando que "Costa Rica sigue arrastrando desafíos en materia de infraestructura, tramitología y ejecución pública". Su diagnóstico apunta a la necesidad de una modernización estatal urgente: "Para que el sector privado pueda avanzar con velocidad, necesitamos un Estado con herramientas modernas, procesos ágiles y capacidad de ejecutar obra pública acorde a las necesidades del país".

A estos factores administrativos se suma la volatilidad económica. Mariela Rodríguez, arquitecta en Construluz Costa Rica, advierte sobre la presión en los presupuestos para el próximo ciclo. "Se prevé un incremento en los costos de materiales, variaciones en el tipo de cambio y mayor presión sobre los presupuestos, lo que dificultará mantener la rentabilidad". Esta volatilidad exige a los ingenieros y arquitectos una precisión quirúrgica desde las etapas de pre-construcción.


Talento humano y la industrialización

Uno de los hallazgos más críticos del análisis es la crisis de mano de obra en una región con abundante población joven. Ignacio Basterrechea, Socio-director de URBOP en Guatemala, califica la escasez de mano de obra calificada como uno de los principales desafíos, a pesar del bono demográfico. "La población en edad para trabajar representa el 69% de la población total de Guatemala. Sin embargo, este bono demográfico no está siendo aprovechado, ya que no hay suficiente recurso humano capacitado para laborar en el sector de la construcción", explica. Su visión trasciende la solución inmediata y aboga por una política de estado: "Es necesario que el Estado invierta en capacitación técnica en todas las regiones del país para que esa mano de obra no decida migrar a la metrópoli o incluso fuera del país".


Ante la falta de mano de obra calificada y la necesidad de cronogramas más estrictos, la respuesta técnica del sector para el 2026 es sin duda: la industrialización. Basterrechea afirma que "la industria de la construcción se está moviendo inevitablemente hacia la industrialización, adoptando la prefabricación, construcción modular y la tecnología digital (BIM, IA, robótica) para transformarse".


Esta tendencia es compartida por Rodríguez desde la perspectiva de los acabados y sistemas técnicos. Para ella, la automatización y el preensamblaje jugarán un papel crucial en la reducción de la incertidumbre en obra: "La incorporación de componentes prefabricados reducirá la dependencia de mano de obra especializada, permitirá instalaciones más rápidas y estandarizadas, y contribuirá a cronogramas más estables".


Tecnología: del BIM a la Gestión del Ciclo de Vida

Para el 2026, la tecnología deja de ser un valor agregado para convertirse en el estándar operativo. No obstante, la brecha de implementación sigue siendo un obstáculo técnico mayor. Baltodano enfatiza que, aunque hay avances, el progreso es desigual y requiere un "diálogo multisectorial". Enumera brechas claras que deben cerrarse: "capacidad técnica en instituciones públicas, formación y certificación del talento, actualización normativa, interoperabilidad de plataformas". Para Baltodano, "la tecnología ya no es opcional; es el habilitador que define la infraestructura del futuro".

En Guatemala, la visión es similar. José Andrés Ardón destaca que "la implementación de un ecosistema BIM en Guatemala potenciaría toda la cadena de la industria de la construcción al poder mejorar esas tres variables por medio de la implementación de mejores procesos".


Desde una perspectiva de especialización técnica, Rodríguez profundiza en la integración de sistemas inteligentes, yendo más allá del diseño estructural hacia la operación del edificio. Su prioridad estratégica para 2026 es "integrar y estandarizar la tecnología en todas las etapas del proyecto". Detalla que esto incluye "el uso adecuado de protocolos como DMX y DALI, explorando también alternativas como Lutron o Legrand". El objetivo es claro: reducir los tiempos muertos y costos de retrabajo mediante la automatización.


Sostenibilidad: de la tendencia a la resiliencia integral

Quizás el cambio de paradigma más importante para los arquitectos e ingenieros en 2026 sea la redefinición de la sostenibilidad. Ya no se trata solo de cumplir con una certificación, sino de garantizar la viabilidad del activo a largo plazo frente al cambio climático. Baltodano introduce el concepto de resiliencia integral. "La prioridad estratégica para 2026 es construir resiliencia integral en todo el ciclo de vida de los proyectos: resiliencia tecnológica, climática y operativa. Esto implica un diseño que contemple manejo de agua, microclimas, materiales de bajo carbono y estrategias de eficiencia energética", respondiendo a un contexto que cambia más rápido que la capacidad tradicional del sector para adaptarse.


Por su parte, Ardón anunció el lanzamiento de una estrategia gremial: "En la Cámara de Construcción estaremos lanzando la estrategia de sostenibilidad a principios del 2026". El directivo subraya que esto responde no solo a una conciencia ambiental, sino a una realidad de mercado donde las construcciones verdes son "cada vez más demandadas por los compradores y por las entidades bancarias que ofrecen beneficios tangibles para ellas".

Basterrechea aporta datos contundentes sobre el potencial económico de esta transformación, citando informes internacionales que proyectan que "para el 2026 el mercado global de edificios verdes se proyecta alcanzar los US$762,78 mil millones".


Planificación urbana y el espejismo de la "Smart City"

¿Estamos realmente construyendo ciudades inteligentes? Los expertos sugieren que, aunque hay edificios inteligentes, la "ciudad inteligente" sigue siendo una asignatura pendiente en la región debido a la falta de integración público-privada. La planificación, según Basterrechea, debe enfocarse en la evolución del BIM hacia los "Gemelos Digitales Urbanos". Explica que estos sistemas "recogen y procesan información de toda la infraestructura para optimizar la toma de decisiones, trascendiendo el ámbito del edificio individual hacia la gestión integral de toda la ciudad". Sin embargo, advierte que la planificación urbana necesita "institucionalizarse" para que las entidades estatales asuman un papel central.


Desde el sector privado, Baltodano es realista sobre la situación actual en Costa Rica y la región: "Vemos avances hacia criterios propios de las Smart Cities, pero aún son parciales y desiguales". Señala que, aunque los desarrollos privados tienen conectividad y automatización, "todavía estamos lejos de una integración plena que permita hablar de ciudades realmente inteligentes".

Para que las decisiones de infraestructura pública sean efectivas, "es necesario que el sector privado pueda dar sus inputs sobre qué podría funcionar y cómo, sugiriendo modelos de incentivos o distritos de oportunidad como herramientas para catalizar este desarrollo”, resalta Ardón.


Finalmente, ¿cómo se preparan estos líderes para el 2026? La respuesta común es la capacitación continua y la planificación meticulosa. Rodríguez resume su enfoque personal tras un 2025 desafiante: "En lo personal, trabajé en claridad, organización y liderazgo, buscando equilibrio entre crecimiento y bienestar. Ahora, 2026 llega con más enfoque, más preparación y más fuerza". 2026 será un año definitorio para la construcción en América Central y el Caribe. La competitividad ya no dependerá únicamente de la capacidad de venta, sino de la eficiencia técnica lograda a través de la industrialización, la gestión de datos mediante BIM y Gemelos Digitales, y una estrategia de sostenibilidad que mitigue riesgos climáticos y financieros.

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