Italia da luz verde al puente sobre el estrecho de Mesina, una obra récord que conectará Sicilia con la península
- Manuel Robles Quintero
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El proyecto, valorado en más de US$ 15.700 millones, busca transformar la conectividad, la economía y el rol estratégico del sur de Italia.

En un momento en que Europa debate cómo modernizar sus infraestructuras estratégicas y reforzar la cohesión territorial, Italia ha dado un paso decisivo hacia uno de los proyectos de ingeniería más ambiciosos de su historia reciente. La obra promete redefinir la movilidad entre el norte y el sur del país, al tiempo que reactiva una iniciativa largamente postergada.
El gobierno italiano aprobó el proyecto definitivo para la construcción del puente sobre el estrecho de Mesina, una infraestructura valorada en 13.532 millones de euros (US$ 15.700 millones) que unirá por primera vez la península italiana con la isla de Sicilia. El visto bueno fue otorgado por el Comité Interministerial para la Planificación Económica y el Desarrollo Sostenible (Cipess), tras evaluar la documentación técnica y financiera presentada por el Ministerio de Infraestructuras y Transportes y las empresas involucradas.

La obra será el puente colgante más largo del mundo, con un vano central de 3.300 metros, sostenido por dos torres de 399 metros de altura ubicadas en Calabria y Sicilia, unidas por cuatro cables de suspensión. El tablero tendrá 60,4 metros de ancho y se elevará 72 metros sobre el nivel del mar, permitiendo el paso de embarcaciones de gran calado.
Según las estimaciones oficiales, una vez finalizado entre 2032 y 2033, el puente tendrá capacidad para hasta 6.000 vehículos por hora y 200 trenes diarios. Contará con tres carriles por sentido, dos carriles de servicio y dos vías ferroviarias centrales, reduciendo el tiempo de cruce entre Calabria y Sicilia de las actuales dos o tres horas en ferry a 15 minutos por carretera y 10 minutos en tren.
El ministro de Infraestructuras y vicepresidente del Consejo, Matteo Salvini, adelantó que espera iniciar las obras, expropiaciones y trabajos preliminares entre septiembre y octubre, una vez se obtenga la aprobación final del Tribunal de Cuentas. Salvini calificó el proyecto como una “obra sin precedentes” que acelerará el desarrollo económico del sur del país.

La iniciativa, estudiada desde 1971 y relanzada en varias ocasiones sin éxito, ha visto un fuerte incremento en sus costos, que pasaron de 4.400 millones de euros (US$ 5,120 millones) estimados hace dos décadas a más de 13.500 millones en la actualidad (US$15,700 millones). El consorcio Eurolink, liderado por la italiana Webuild e integrado por 235 empresas —incluida la española Sacyr, con un 22,4% de participación—, se adjudicó la ejecución del proyecto.

El gobierno de Giorgia Meloni ha defendido el puente no solo como un motor de desarrollo económico, sino como una infraestructura estratégica de interés nacional, vinculada a la seguridad y la movilidad militar, en el marco de los compromisos de Italia con la OTAN. Se estima que el proyecto movilizará más de 23.000 millones de euros (US$ 26,790 millones) en inversiones y generará alrededor de 120.000 empleos durante su construcción.
No obstante, la obra enfrenta resistencias sociales y ambientales, con advertencias sobre su impacto en el ecosistema del estrecho de Mesina y el riesgo de infiltración de mafias locales. A pesar de las controversias, el Ejecutivo italiano sostiene que el puente será un “acelerador del desarrollo” y una pieza clave para completar las redes transeuropeas de transporte, especialmente en dos de las regiones históricamente más rezagadas del país.
