Diseño resiliente: cómo preparar los espacios para el clima del futuro
Expertos destacan que anticipar riesgos climáticos como inundaciones, sequías y temperaturas más altas desde las primeras etapas del diseño, ayuda a reducir sus impactos y crear hogares, edificios y ciudades más seguros, confortables y preparados para las personas que los habita

Las condiciones climáticas están cambiando a un ritmo acelerado. Las familias que ven afectado su patrimonio por una inundación, quienes enfrentan días de intenso calor en viviendas con poca ventilación o las personas que recorren una ciudad sin suficientes árboles y espacios de sombra viven una realidad cada vez más difícil de ignorar. Estas condiciones también afectan a comercios y empresas, que pueden enfrentar daños en sus instalaciones, interrupciones en sus operaciones y por ende, pérdidas económicas. El clima no solo transforma nuestro entorno: también influye en nuestra seguridad, bienestar, trabajo y en la manera en que habitamos y utilizamos los espacios.
Costa Rica ya ha experimentado estas situaciones. En novimbre de 2024, las fuertes lluvias provocaron inundaciones y deslizamientos y generaron afectaciones en distintas regiones del país. Ese mismo año, también se registraron episodios de calor extremo: en marzo, el Instituto Meteorológico Nacional (IMN) reportó una temperatura de 41 °C en Filadelfia, Guanacaste.
Ahora, el fortalecimiento de El Niño vuelve a poner esta conversación en primer plano. El Niño forma parte de un ciclo natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que también incluye a La Niña. Ambos fenómenos pueden modificar los patrones de lluvia y temperatura, aunque sus efectos varían según la región y el momento. Esto significa que el país debe estar preparado para condiciones muy distintas: desde períodos de calor, sequía y menor disponibilidad de agua hasta lluvias intensas e inundaciones, además de condiciones que pueden favorecer la propagación de incendios forestales.
El desafío, por tanto, no es diseñar para un único escenario, sino prepararnos para una mayor variabilidad climática. Para Gensler, firma de arquitectura, diseño y planificación, el diseño puede convertirse en una herramienta de adaptación: una oportunidad para reducir vulnerabilidades y crear hogares, edificios y ciudades que protejan mejor a las personas frente a condiciones que seguirán cambiando.
Fabiola Sánchez, líder regional de Sostenibilidad de Gensler señaló que al diseñar edificios se tiene la responsabilidad que sobrevivan y se mantengan en pie durante décadas. “Por eso necesitamos pensar no solamente en las condiciones actuales, sino investigar y analizar el impacto del cambio climático en los próximos 50 años, en aspectos como temperatura, disponibilidad de agua y otros factores durante su vida útil. Actualmente, contamos con más información, datos y mejores herramientas para lograrlo y eso nos permite tomar decisiones mucho más conscientes desde el inicio y diseñar pensando en el futuro”, explicó Sánchez.
Tres claves de diseño para preparar nuestros espacios ante el clima del futuro
Anticiparse desde el inicio del proceso
La preparación comienza antes de la primera decisión de diseño. Analizar la ubicación y los riesgos de la zona permite proyectar cómo el calor, las lluvias y la disponibilidad de agua afectarán el proyecto a lo largo de las décadas. Combinar datos históricos con herramientas de simulación facilita decisiones informadas que generan un beneficio directo: el estudio Resilience by Design 2026 señala que cada dólar invertido en preparación ante desastres puede evitar hasta US$33 en pérdidas económicas. Desde la orientación del edificio y aleros profundos hasta sistemas para la captación y reutilización de agua, la resiliencia debe formar parte del origen de la obra.
Integrar la naturaleza como infraestructura activa
Responder al clima cambiante no depende solo de la tecnología, sino de aprovechar los sistemas naturales. Elementos como la vegetación, los árboles y los suelos permeables ofrecen funciones térmicas, reducen temperaturas, absorben agua y protegen la biodiversidad. Como destaca Gabriela Molina, Directora de Diseño y Líder Regional de Sostenibilidad de Gensler, la capa de paisaje debe incorporarse desde el principio para responder a las necesidades específicas de cada entorno. No se trata de decorar con plantas, sino de preservar árboles maduros y usar especies nativas que cumplan un rol funcional en nuestras ciudades.
Diseñar para las personas, la adaptación y el futuro
El entorno construido debe entenderse como un sistema multidisciplinario donde arquitectura, ingeniería y paisajismo colaboran para reducir impactos. La resiliencia no implica empezar de cero: las estructuras existentes pueden adaptarse implementando ventilación cruzada, mejor protección solar o un uso más eficiente del agua.
De acuerdo con Gensler, el objetivo no es diseñar desde el temor a la próxima sequía, inundación u ola de calor, sino aprovechar el conocimiento disponible para anticiparnos y prepararnos. "No podemos evitar todos los efectos de un clima extremo y variable, pero sí podemos tomar mejores decisiones para reducir sus impactos" explica Gensler.




Comentarios