San Salvador relanza su Centro Histórico como el nuevo epicentro de inversión regional
- Eduardo Cubillo
- hace 1 hora
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El gobierno de El Salvador implementó una ley con el cual se incentiva la inversión en el Centro Histórico con una serie de ventajas para quienes quieran desarrollar proyectos en la zona

El Centro Histórico de San Salvador, que alguna vez fue el corazón vibrante de El Salvador, atravesó décadas de abandono, desorden e inseguridad. Sin embargo, hoy protagoniza uno de los procesos de revitalización urbana más ambiciosos y acelerados de América Latina. Adriana Larín, directora de la Autoridad de Planificación del Centro Histórico de San Salvador (APLAN), explicó los pormenores durante su conferencia en Expo Construir Guatemala 2026.
Ante un auditorio lleno de desarrolladores e inversionistas regionales, Larín compartió la estrategia técnica, legal y financiera que está transformando un área de 143 hectáreas (el equivalente a 268 manzanas) en un imán para el desarrollo inmobiliario, el turismo y el proceso de revitalización no fue fortuito; Larín detalló que el éxito actual se fundamenta en decisiones políticas y técnicas drásticas que devolvieron la viabilidad al corazón de la capital salvadoreña:
Liberación del espacio público: A través del diálogo y la reubicación, se logró movilizar a más de 35,000 comerciantes informales que antes abarrotaban las calles. Esto permitió rescatar y hacer visibles joyas arquitectónicas coloniales y republicanas que permanecieron ocultas por décadas.
Seguridad territorial absoluta: El Centro Histórico pasó de ser una de las zonas más peligrosas del continente a convertirse en el espacio público más seguro, limpio y visitado de todo El Salvador, atrayendo tanto a locales como a turistas internacionales.
Institucionalidad dedicada (APLAN): Para eliminar la burocracia, el gobierno salvadoreño creó la APLAN, una autoridad con autonomía propia que funciona como una ventanilla única. Centraliza todos los trámites de construcción, permisos ambientales, de patrimonio y catastrales, reduciendo los tiempos de aprobación drásticamente para los inversionistas.
Incentivos fiscales: Una invitación irresistible para construir
El núcleo de la ponencia de Larín en Expo Construir 2026 se centró en las agresivas ventajas competitivas que la Ley del Centro Histórico ofrece a los desarrolladores inmobiliarios. El gobierno salvadoreño busca atraer inversión privada mediante un marco de exenciones tributarias sin precedentes en la región:
0% de Impuesto sobre la Renta (ISR): Exención total por un período de 10 años para los ingresos netos generados por actividades e inversiones en la zona delimitada.
Exención de Impuestos Municipales: Los inversionistas están exentos del pago de tasas municipales por 5 años.
Cero aranceles de importación: Exoneración total de impuestos aduaneros para la introducción de bienes, materiales, maquinaria y equipos necesarios para la construcción y equipamiento de los proyectos.
Exención del Impuesto de Transferencia de Bienes Raíces: Facilidades fiscales absolutas para la adquisición de inmuebles destinados al desarrollo del centro.
Los proyectos elegibles para incentivos son hoteles, hostales, restaurantes, cafés, proyectos residenciales (vivienda en altura), espacios culturales, galerías de arte y estacionamientos subterráneos o en altura. Larín enfatizó que el Centro Histórico de San Salvador ya no es una promesa a futuro, sino una realidad rentable. Actualmente, la zona experimenta un boom de reconversión de edificios antiguos en apartamentos modernos, hoteles boutique y centros de uso mixto.
"Estamos abriendo las puertas a la vivienda vertical en el centro. El mercado salvadoreño y la diáspora están buscando activamente vivir, consumir y disfrutar la riqueza cultural y arquitectónica de la zona", afirmó Larin.
Larin hizo un llamado directo a las constructoras guatemaltecas a expandir sus fronteras aprovechando la cercanía geográfica. La ponencia concluyó con un mensaje contundente: el Centro Histórico de San Salvador se ha consolidado como un caso de éxito regional donde la preservación del patrimonio cultural no pelea con la modernidad, sino que se convierte en el activo más valioso para generar una alta plusvalía y rentabilidad financiera a largo plazo.




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